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Don dinero y la crisis

14 de marzo de 2009

200euro

Si trabajas para ganar dinero, no quieras trabajo, quiere dinero.
 
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Vodafone y el egocentrismo anglosajón

16 de noviembre de 2008

meucci1

Antonio Meucci, el gran inventor italiano, tuvo una carrera que fue a un mismo tiempo extraordinaria y trágica. Tras emigrar a Nueva York, Meucci continuó sin cesar y con vigor un proyecto que había iniciado en La Habana, Cuba. Se trataba de un invento que más tarde llamó “teletrófono”, y que estaba relacionado con las comunicaciones electrónicas. Antonio Meucci configuró una línea rudimentaria de comunicaciones en su casa de Staten Island que conectaba la planta baja con el primer piso. Más tarde, cuando su esposa comenzó a sufrir una artritis que la impedía moverse, Meucci creó un enlace permanente entre su laboratorio y la habitación de su esposa en la segunda planta de la casa. Habiéndose gastado la mayor parte de los ahorros de su vida para financiar su trabajo, Meucci fue incapaz de comercializar su invento, aunque mostró en público su invención en 1860, y pese a que este fue descrito y publicado en el periódico de Nueva York en lengua italiana.

Antonio Meucci jamás aprendió inglés lo suficientemente bien como para navegar por la intricada comunidad empresarial estadounidense. No fue capaz de lograr los suficientes fondos para pagar los trámites necesarios del proceso de solicitud de patentes, y por ello tuvo que pedir una “reserva” renovable, que durante un año impedía que otra persona presentase cualquier tipo de patente similar. Esta petición fue presentada por primera vez el 28 de diciembre de 1871. Meucci descubrió más tarde que el laboratorio afiliado al Western Union había perdido sus modelos de trabajo, y Meucci, que en ese punto vivía ya de la asistencia pública, fue incapaz de renovar la “reserva” después de 1874.

En marzo de 1876, Alexander Graham Bell, que había realizado experimentos en el mismo laboratorio en el que se almacenó el material de Meucci, obtuvo una patente y recibió desde entonces el crédito de la invención del teléfono. El 13 de enero de 1887, el Gobierno de los Estados Unidos intentó anular la patente conseguida por Bell basándose en evidencias de fraude y distorsión, un caso que la Corte Suprema encontró viable y por el que Bell sufrió prisión preventiva. Meucci murió en 1889, la patente de Bell expiró en 1893, y el caso fue suspendido por dudoso, sin que jamás se determinase quién fue el verdadero inventor del teléfono presentado en la patente de Bell. Finalmente, si Meucci hubiese sido capaz de pagar la tasa de 10$ para mantener la “reserva” después de 1874, la ley no le podría haber asignado a Bell ninguna patente.

(The history of the Telephone)

Algunos tienen poca memoria histórica (1765)

20 de agosto de 2008

Para los Anglosajones es muy fácil dar lecciones de humanidad al mundo; deben tener poca memoria histórica.

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El merito no es de la DGT ni del Gobierno

10 de agosto de 2008

Las muertes por accidentes de tráfico son un terrible precio que se cobra a la sociedad por disfrutar de la movilidad. Todos desearíamos erradicarla al nivel de cero, pero por desgracia llegar a ese nivel es totalmente imposible, ya que cualquier vehículo en movimiento esta expuesto a un cierto riesgo.

Por tanto Srs. de la DGT y el Gobierno: no lleven las cuentas hacia su terreno, para poder justificar la enorme presión fiscal que ejercen sobre los ciudadanos motorizados, con su receta a base de radares y más radares.

¿De que cuentas estoy hablando?: en sus inmaculadas estadísticas sobre mortalidad en carretera, parecen no incluir un “ingrediente” básico para el calculo real de muertos al volante, ese ingrediente es que en España cada año circulan medio millón de vehículos más, y ustedes lo ignoran.

En realidad se esta reduciendo enormemente la mortalidad en carretera -más de lo que ustedes dicen y no por su gestión represiva-, y el merito esta en la habilidad de los propios conductores -sí, han leído bien-, la habilidad para poder sortear a diario los obstáculos y demás trampas de nuestras pésimas carreteras.

Y a la postre, estamos pagando de nuestros bolsillos los nuevos sistemas de seguridad de los vehículos: como los airbags, controles de estabilidad, ABS … y así una larga lista.

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